viernes, 27 de enero de 2017

Poema XXII

Anoche soñé que habías muerto,
Oh cuanto dolor
Bajaba por mi manos
Y acariciaba tu pelo.
Tu cuerpo sin vida
En mis brazos
Dormia indiferente,
Oh cuanta tristeza
Empozaban mis ojos,
Cuanto silencio
Andaba descalzo
Por mis pazos.
Y vino Dios tristisimo,
Acongojado
A consolarme
Y yo soberbio
Y lleno de dicha
Te volvi a la vida.
Me miraste
Con tus ojos inundados
De odio
Y te marchaste
Ajena,
Incrédula
Sin mirar a Dios
Que estuvo
Callado,
Pensativo
En mi costado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario