Para Margot que está dormida a esta hora en una casa infinita.
En la casa, la enorme casa
Donde yo vivía
Con su río tangible que pasaba por el centro de su patio
Y por debajo de sus camas,
Sus abundantes camas ordenandas
En explosión como fue creciendo la familia
Y sus pocos áboles talados
Para reparar el frio nocturno
Y la melosa garua,
En aquella casa
Vive ahora una niña, sola, hermética,
Pastando su ternura por su vacío
Inconmensurable.
Todos nos fuimos de aquel lugar
Hace tiempo.
Ella ha de ser hija del recuerdo
Y de las penas que quedaron colgadas
En las paredes virreinales
Mordidas de tanto clavo
Que martillábamos para ahuyentar el hambre.
He ido a verla tantas veces
Y solo escucho su voz tras las paredes
Carcomidas por el tiempo,
Su voz de niña travieza,
Corre por las habitaciones
Con sus piecesitos descalzos,
Lo sé porque he encontrado sus huellas
Y el rastro de sus colores
Con los que pinta sonrisas
En soledad.
Porque hasta su aroma está en las sillas
Y los juguetes que envejecieron
De tanta ausencia.
Te quedaste sepultada en el tiempo,
Le digo, y ella parece escuchar mi voz
Porque calla y esconde sus manitos
En los bolsillos de su inocencia.
Ella no sabe quien soy,
Tal vez soy el hijo de su alma
Que acechaba nocturna por la casa
Y jugaba con los niños malos.
La casa,
La inmensa casa como una culpa irremediable
Con su río que fue horadando nuestra fuga
Y sus árboles ficticios bajo los cuales
Crecimos resignados,
En ella habita una niña casi anciana,
desde que nos fuimos
Esa niña añora, corre por el patio,
Se asoma a la ventana cuando alguien pasa,
Lleva casi un siglo comiendo ilusiones,
Espera en su nostalgia
Que volvamos a ser los de antes.
Yo vengo tantas veces a verla,
La llamo como a un pajarito
Y ella canta desde un árbol irreal,
El otoño pasa raudo,
Ella teje sus telarañas en un rincón
Y escribe un año más en el rubor
De sus muñecas.
Ha hecho un padre de barro
Y lo ha sentado donde solíamos pasar las tardes hablando de Dios
Y el sol lo ha dorado como si fuera un Cristo de verdad.
Yo voy a confesarte que esta es la última vez que te busco, niña,
La muerte tiene el sigilo de un cazador
Y me ha atrapado entre sus brazos.
Angel Garcia Núñez
( en Woodmere New York, agosto 16, 2022)