El amor es una liebre que salta por donde uno menos lo espera
Y se convierte en una gelatinosa merienda que jamás digiere
Así te emborraches hasta el tuétano con tequila barato
O escuches canciones de amargue
En un bayú clandestino.
Así quise a Naydu
Hasta dedicarle canciones de Roberto Carlos
Y empacarle calzoncitos de Victoria Secret
Por el día del amor.
Me conquistó con su pelo achocolatado
Con sus ojos chinitos
Con sus piernotas de waripolera
Y sus suspiros de enamorada mientras hacíamos el amor.
(Debo aclarar que eran 15 minutos de amor)
Así era Naydu
Caminaba en sancos meneando sus caderotas hasta el cuartito
Cerraba la puerta y no existía nadie más que yo
(por lo menos en esos 15 minutos)
Sonreía a los compaces de su desnudez repentina
Y me acostaba como a un bebe en el catre de 3 por 6
Y me amamantaba con sus encantos
Y jugaba conmigo como con un juguete de playa
Para acá y para allá
Hasta que me hacia decirle “que la amaba”
Y se mataba de la risa
Y acababa conmigo con sus ojos en mis ojos
Y su cabello revoloteando por mi boca
Y hasta el final de los 15 minutos todo era fascinación.
Luego empacaba mis emociones mientras ella se vestía o revestía de meretriz
Y volvía a crear el mundo con sus caderas cuando se alejaba del cuartito.
Cuantas veces quise comprar otros 15 minutos,
Sin embargo ella siempre decía
“el mundo existe solo eso”
Y me iba por el averno del “sin ella nada existe”
Anónimo, envenenado por la soledad y el silencio del castigo
Para volver otro día ha empezar la creación
Y ella se encargaba de crear otra vez
La maravilla.
Naydu, perdida en el único retrato que guardo de ti
Amarillando como una retama
Y una canción de amor que ya no se escucha,
Hundida en los ojos de una última lagrima
De meretriz clandestina enamorada del frio
El mundo solo dura quince minutos, ya lo sé,
Eso es lo que duran también tus ojos de mujer,
tu cuerpo de bestia mitológica.
Y tu sexo abrupto como una condena deliciosa
Ya me fui de aquel cuartito
Allí solo quedaron las cenizas de tu creación
Y el olor del miedo a tu ausencia.
Las diosas también mueren en su creatividad.
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