A esta hora,
ella llega y enciende la casa
Con la lumbre de sus ojos,
Brincan los perros
y mi corazón
Al verla,
Trae lo que el Sol le dio,
Trae el pasto de su bondad
Atado a la espalda,
Trae el grano molido
De su tenacidad
En la falda.
Su sombrero de paja
me cobija
aún cuando no está.
Y su voz
Hecha de quenas silvestres
Consuela las aves profundas
de mi pecho.
Escucho desde mi cuaderno
El suspiro de sus cuyes pardos,
La crispación de la leña
Hirviendo la esperanza,
Así cocina,
callada,
Endulza el café y el pan
Con su mirada,
Poda las ramas del hambre
Con sus besos.
Ve con cuidado -me dice-
Cada vez que la olvido
Y me espanta su silencio
Cuando la llamo.
Angel Garcia-Núñez
New York, Octubre 2019
QUE DULZURA DE POEMA, ESTA VEZ SI ROMPISTE TU ESQUEMA.
ResponderEliminarmuchas gracias por tu comentario Sharon.
EliminarQUE DULZURA DE POEMA, ESTA VEZ SI ROMPISTE TU ESQUEMA.
ResponderEliminar¡Buenísimo Ángel! ¡Felicitacitaciones!
ResponderEliminarmuchas gracias Linda.
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