Que pase la guitarra
Como un toro de ira
Y sus musicales cuernos
Rasquen la barriga del hambre,
Tengan misericordia las piedras
De mi féretro
Y el caballo relinche su miedo.
Que llamen las horas
Con todas sus campanas,
¡Viva la muerte!
Y su laberinto de orquídeas.
Que baile dios su melancolía,
Y de su ebriedad
vuelva a crearnos
Igualitos a él.
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