Yo solía venir a mirarla
Por la abertura de mi niñez
Incógnita,
La miraba desde mi silencio
Cristalino
Y anotaba en mi cuaderno
De rayas infinitas.
Ella era, para entonces,
Una palabra que yo no sabía escribir,
Sus ojos ciegos,
Su voz callada,
Sus manos volátiles
Pasaban lejos.
Yo solía venir a mirarla
Por el obturador de mi memoria,
Tejia mis palabras
Y escondia su nombre
En mi música,
Ella era, para entonces,
Una pregunta que yo no sabía responder,
El peso de su sombra
Anquilosada en el recuerdo
Me llevó hasta el filo
De la distancia,
Yo solía venir a mirarla,
La buscaba en lo más profundo de mis miedos,
En la fragilidad de mi sonrisa,
En el tumulto de mi soledad
Y un dia ella volvio
Y encontró mis ojos ciegos
De tanta búsqueda
mis pies muertos
De tanto camino,
mi voz apagada de tanto grito.
Preguntó por mi,
Y las grietas en mi vida
Contaron la historia.
martes, 28 de noviembre de 2017
Anónimo
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Amigo sentí escalofrios al leer este poema, tremenda musa la figura de tu madre en tu vida. Me impresionó esta frase: "sus ojos ciegos". Que era lo que no veía?
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