Yo soy el cordero matinal
De tu lujuria
Al que a diario despiertas
Sin que haya visto
La luz del Sol.
Preparas tu ofrenda
Desnuda,
Bajo las tibias sábanas
De tu deseo.
Soy presa resignada
De tu voluntad herética,
Entregada carne
Al fuego del rito de tus
manos.
Tus ojos llevan prisa,
Tu boca gime una oración
Sacrílega,
Que implora muerte,
Hueles a sal de mar
Entre las piernas,
Sabes a sacrificio.
Me das de beber tus súplicas,
Exclamas mi nombre
Con el grito de tus vísceras,
Y muy dentro de ti
Me resisto a morir
Sin dar batalla,
Escarbo en tu agonía.
El frenetismo de esa lucha
No tiene fin,
Tú herida,
Yo devorado,
Volvemos a encontrar la paz
Después de tanta sangre
Derramada.
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