Habían florecido banderas en mi pecho
Y un ave oscura velaba mis ojos.
Cuánto olor a silencio,
La gente conversaba de otras cosas,
Reían con una risa apagada,
De vez en cuando, alguien rezaba,
Tan sólo por guardar la compostura.
La noche continuó como un rosario
Y el agua ardiente de las voces
Repetía mi nombre por mitades
Hasta que al fin golpeó la caja
la mañana
y se asomó con una luz artificial.
La muchedumbre trasnochada
Entonces vino a despertarme
Y yo fingí morir
por si empezaban a llorarme.
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