miércoles, 28 de agosto de 2019

PAJARO NEGRO

Las noches eran propicias
para saciar el hambre,
Cerraba los ojos y comía,
Comía toda mi infancia,
bebia todo el rio de mi sed.
Hasta el Cristo crucificado de la pared
Parecía saciarse con mis sueños.
Llenaba mis venas de pan,
Mis enormes caminos de yerba,
Mis altísimas puertas
Y sus espigadas sombras
Atiborradas de cosechas
La noche era una cena pletórica,
Sus manteles hacia el infinito,
Sus largas colas de ave real
Ventilaban el aroma de sus guisos.
Nadie había inventado el reloj aun
Tan solo el goteo intestinal de las horas,
Las enormes horas que llenaba
con fábulas mágicas.
Mis decimales deseos colgaban
Como pecados en las blancas paredes
Del hambre
Que yo iba matando con mis certeros rezos,
Niño aún,
Entre sueños de opio barato
Y manjares imaginarios
Que pintaba en la oscuridad.
Qué horfandad libérrima
La del pájaro negro
Con sus alas de terciopelo
Y sus ojos de vino,
Entraba por la claraboya de la Luna
Y se posaba en mi Padre Nuestro
Y sus faltas de fe,
En mi Ave Maria redundante
Que había dejado escrito mi madre
Antes de irse.
Asi aprendí a comer sin abrir la boca,
A llorar sin lágrimas,
A pecar sin creer.
Ya viejo de esto,
Me consuelo, cómo, sin hacer el menor ruido,
Esclavo fugitivo,
Para varias noches
Mientras me alcance la libertad.

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