A esta hora paseo el perro de la nostalgia
el animal nocturno que robustece del vacio.
El no haberte visto
desde tu amor hermético
Me acongoja,
Callo, entristezco,
Mi sombra está de luto.
A esta hora yo era un niño en tu falda
Y tus suspiros descalzos
Corrian por el pasto.
Cómo engañan las barajas del recuerdo!
Cómo te echan de menos
Mis súplicas huérfanas!
A esta hora el té de la tarde
Reposa en su armadura
Y mis heridas ladran hacia el ocaso,
He perdido la guerra de tanta risa,
He envejecido de tanta muerte.
Y aqui, cómo muerden las palabras
Regadas por el suelo,
Quiéreme, abrázame, disculpa,
Olvida, vuelve, espera!
Qué oscura es la derrota
De uno mismo!
Y el agua no ahoga la soledad!
A esta hora, toco,
Y el No hay Nadie abre y me acompaña,
digo Salud por los ausentes!
Y miro con el telescopio de la fe
A ver si encuentro a dios
Durmiendo en un estrella.
Oiga señor, el mundo se está quemando!
Las volcánicas aguas del mar
Que beben los peces profundos
Los que no tienen ojos,
Como demonios enloquecidos
De tanto infierno,
Las ballenas saltan encendidas
Como antorchas salvajes
Y expulsan por el lomo, llamaradas.
Debe arder el también profundo eco,
el grito supersónico del miedo
La telepatía del delfín,
vengan por nosotros!
Y yo encerrado en el estomago
de una bestia continental y descomunal
Espero a la muerte que no llegará
a salvarme
Porque la vida es un juego de horror
Una alegoría tétrica:
Hombre y hambre
Alegorías afines
Homófonas, homógrafas
Homónimas,
Categorías cómplices
Y dios calladito.
A esta hora yo solia hacer una pausa.
Revisaba el precipicio
donde se esconde el Sol
Y cuando ya era tarde
Regresaba con mi escalera
Para subir hacia la noche.
Y encendía las estrellas una a una
Y acomodaba nubes en el cielo,
Como almohadas,
Alguna vez fui niño
Fue la única vez que he sido algo.
A esta hora, ya sin tiempo,
Miro por las orejas del olvido
El enorme silencio del alma,
Alma, será que no existes?
Por qué ya no vienes a recoger mis escombros,
Hablo, suplico,
Nadie entiende mis señas de náufrago.
A esta hora yo solía caminar de su mano
Y alimentaba palomas y sueños
Que terminaron en guerras.
Ahora le hablo y no responde,
Ha olvidado que la felicidad
Me venia de su pecho.
Angel F García.
New York. Abril 2019.
No hay comentarios:
Publicar un comentario