miércoles, 20 de febrero de 2019

FIN

A esta hora paseo el perro de la nostalgia
el animal nocturno que robustece del vacio.
El no haberte visto
desde tu amor hermético
Me acongoja,
Callo, entristezco,
Mi sombra está de luto.
A esta hora yo era un niño en tu falda
Y tus suspiros descalzos
Corrian por el pasto.
Cómo engañan las barajas del recuerdo!
Cómo te echan de menos
Mis súplicas  huérfanas!
A esta hora el té de la tarde
Reposa en su armadura
Y mis heridas ladran hacia el ocaso,
He perdido la guerra de tanta risa,
He envejecido de tanta muerte.
Y aqui, cómo muerden las palabras
Regadas por el suelo,
Quiéreme, abrázame, disculpa,
Olvida, vuelve, espera!
Qué oscura es la derrota
De uno mismo!
Y el agua no ahoga la soledad!
A esta hora, toco,
Y el No hay Nadie abre y me acompaña,
digo Salud por los ausentes!
Y miro con el telescopio de la fe
A ver si encuentro a dios
Durmiendo en un estrella.

Oiga señor, el mundo se está quemando!
Las volcánicas aguas del mar
Que beben los peces profundos
Los que no tienen ojos,
Como demonios enloquecidos
De tanto infierno,
Las ballenas saltan encendidas
Como antorchas salvajes
Y expulsan por el lomo, llamaradas.
Debe arder el también profundo eco,
el grito supersónico del miedo
La telepatía del delfín,
vengan por nosotros!
Y yo encerrado en el estomago
de una bestia continental y descomunal
Espero a la muerte que no llegará
a salvarme
Porque la vida es un juego de horror
Una alegoría  tétrica:
Hombre y hambre
Alegorías afines
Homófonas, homógrafas
Homónimas,
Categorías cómplices
Y dios calladito.

A esta hora yo solia hacer una pausa.
Revisaba el precipicio
donde se esconde el Sol
Y cuando ya era tarde
Regresaba con mi escalera
Para subir hacia la noche.
Y encendía las estrellas una a una
Y acomodaba nubes en el cielo,
Como almohadas,
Alguna vez fui niño
Fue la única vez que he sido algo.

A esta hora, ya sin tiempo,
Miro por las orejas del olvido
El enorme silencio del alma,
Alma, será que no existes?
Por qué ya no vienes a recoger mis escombros,
Hablo, suplico,
Nadie entiende mis señas de náufrago.
A esta hora yo solía caminar de su mano
Y alimentaba palomas y sueños
Que terminaron en guerras.
Ahora le hablo y no responde,
Ha olvidado que la felicidad
Me venia de su pecho.

Angel F García.
New York. Abril 2019.

martes, 12 de febrero de 2019

YO NO FUI

Dios amó a todos por igual
Y vinieron los poetas
A embarrarlo todo.
Abundantes como enjambres
De cerezos
Rompieron el palo santo
Con que el creador
Separaba lo bueno de lo malo.
Como monos ariscos,
Desconfiados,
urañas criatutas
De lomos hirsutos
No creyeron en el placebo
De la manzana
Ni en el sensualismo de la culebra,
Cundió en el paraiso
El ruido inefable de sus voces,
Sus pelos de caballo,
Sus cráneos de bestias nómadas
Sus ojos de mesosaurio.
La orden de reproducirse
Entre vosotros, fue suprimida,
Porque ellos empezaron a multiplicarse
Como larbas,
Oh Pasteur, dios de los microbios
Fue enviado por dios
Para contener esta plaga
Pero ellos ya habian convertido el mundo
En una letrina.
Dios, entonces, perplejo de sus acciones,
Se lavó las manos:
Yo creé el mundo en solo siete dias,
Lo demás no sé quien lo hizo.

jueves, 7 de febrero de 2019

Flamenco Andino

Voy a coger mi guitarra
Y calentarme,
Tocar un manuscrito de arpégios
Dóciles
como un poncho,
Bailar como un pájaro negro
En busca de amor,
Las notas otoñales
De un flamenco andino.
Voy a coger mi guitarra,
afinar mis palabras
Cuarda a cuerda
Hasta encontrar el Sol,
Bailar hasta el hueso
Quebrantado del destierro,
Que pase el tren a cada rato
Que se estanque la vida
En sus viejos rieles,
Déjenme bailar
Hasta que maduren los periódicos
Y caigan sus mentiras.
Voy a coger mi guitarra
Y volver por sus caderas
Y que saluden altísimas
Sus notas señoritas.
Que alguien abra la puerta del día
Que el niño corra hasta la campana
Y anuncie el recreo,
Que el águila no tenga camísa
Para salir a comer.
Voy a coger mi guitarra,
que aplaudan los espiritus
Sin alma.
Que el miedo haga sus maletas
Que el cajón resuene
Sin el cuerpo
Que sepa la madre ajena
Que no nos parió tristes
Que sepa que nuestros dioses
No estaban en un altar
Sino en nuestras venas.
Voy a coger mi guitarra
Que suene flamenca
En mis manos andinas,
Díganle a Cortez
Que el oro lo escondimos
En nuestras almas.