martes, 10 de abril de 2012

Amaneció en Paris y en tu cuerpo
Es el viejo sol dando la vuelta por tu espalda
Y oscureciendo tu pecho,
Suena el reloj, sobre la mesa de noche
Ya es de día,
Cuantas veces habrá cambiado la hora
Desde que callamos el timbre desesperado
De la primera alarma en nuestras vidas
Con un golpe certero de soledad.
Nos perdimos en un laberinto infinito
La noche de tus tribulaciones
Y no volvimos para remediar distancias,
Amanece aquí y allá donde tú vives
Pasa el sol, raudo como un sueño
Y sigues acostada escuchando las crepitaciones
De un domingo sin mí,
Y yo frente al espejo
Envejeciendo si ti
Completamente desquiciado viendo el sol pasar
Por mi ventana a media noche
Y saber donde estoy, me hace buscarte a tientas
Porque aunque amanece
He cerrado los ojos.

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