domingo, 8 de junio de 2014

Machu Picchu errante

Llegada la hora cuatrocientas mil
De mi sistema limbico y linfatico
He decidido detenerme a platicar con mi caballo,
Cosas que a esta edad
Uno escucha con detenimiento
Y el perro que no tengo
Merodea su hambre ficticio
Entre mis patas de bestia equina
Y desestima con la cola
Mis dolencias.
Llamese delirios,
El sol de aquel verano, agobia,
Derrite en llanto la mirada
Colorea el muslo pristino
De su sensualidad.
Me he detenido en la esquina de la soledad
Y el desatino, a esperar que pasen sus ojos
Y me miren de pronto
Y estoy aqui medio siglo,
Preguntandole a mi caballo
El secreto de su languido latido
Como un eco sentado en una roca,
Machu Picchu errante,
La he querido sin el sexo erguido
De sus cumbres,
Sin el orificio oscuro de sus besos.
Pasan por tus sombras mis miedos
En procesion hacia el olvido
Regresan alegres
Convertidos en mentiras.