lunes, 8 de octubre de 2012


Hay una hora
En la que
El mundo trastabilla
Y el corpiño de las diosas
Metálicas se sosiega,
Hora en que el silencio huele a perro
Indigesto,
Y el rio regresa por su cauce en cámara lenta
Teñido de tu amor.
A esa hora las paredes son cuatro
Y el frio granulado
Entra por los huesos
Y la sal de tus besos se diluye
En una lagrima perdida en mi rostro.
Calculo que a esa hora debe ser entre las tres y tu adiós.

Vuelvo el torso derrotado
Y empiezan los días a caer
Uno a uno en el guiso de la tarde.
Te he perdido en el elástico inframundo
De los sueños,
Ya no recuerdo ni tu nombre
Ni las pestanas de tu indiferencia.
Angel Garcia.
New York, 10/09/2012